Cuando el clima cambia, guardar la ropa que ya no usarás por unos meses es una excelente forma de liberar espacio y mantener tu casa ordenada. Pero hacerlo bien es clave para que tus prendas se conserven en buen estado, sin olores, humedad ni daños.
Aquí te damos 8 consejos prácticos para almacenar tu ropa de forma segura y eficiente.
CARRUSEL: Cajas organizadoras
Aunque parezca obvio, guardar ropa sucia puede atraer insectos, generar malos olores y dañar las fibras.
Lavado completo: lava y seca completamente cada prenda.
Perfumes fuertes: evita el uso de suavizantes muy perfumados, ya que pueden alterar el olor con el tiempo.
Ejemplo de uso: una casaca guardada sin lavar puede retener sudor y humedad, generando manchas difíciles de quitar.
Separar la ropa por categoría te ayudará a encontrarla fácilmente cuando la necesites.
Categorías: ropa de abrigo, ropa de cama, accesorios, calzado.
Identificación: puedes usar etiquetas o cajas transparentes para reconocer el contenido.
Consejo práctico: guarda primero lo que menos usarás y deja accesible lo que podrías necesitar en caso de cambios de clima.
Las cajas son clave para proteger la ropa del polvo, la humedad y los insectos.
Plásticas con tapa hermética: resistentes y fáciles de apilar.
De tela con cierre: transpirables y ligeras.
Con compartimentos: para accesorios, ropa interior o calzado.
Ventaja: hay modelos con ventana frontal para ver el contenido sin abrir.
Ahorro de espacio: reducen el volumen de la ropa y la protegen del ambiente.
Ideales para: edredones, casacas, chompas y ropa de invierno.
Almacenamiento: se pueden guardar bajo la cama, en clósets o estantes.
Desventaja: no son recomendables para prendas delicadas como seda o lino.
Evita que la humedad y los insectos dañen tus prendas.
Control de humedad: coloca bolsitas de sílica gel o deshumidificadores en las cajas.
Antipolillas naturales: usa cedro, lavanda o alcanfor.
Revisión: verifica cada cierto tiempo que los productos sigan funcionando correctamente.
Evita: sótanos, azoteas o zonas expuestas al sol directo.
Prefiere: clósets cerrados, debajo de la cama o muebles con buena ventilación.
Altillos: si los usas, asegúrate de que estén bien sellados y secos.
Ejemplo de uso: guardar ropa en una caja expuesta al sol puede hacer que los colores se desgasten.
Doblar bien ayuda a conservar la forma y ahorrar espacio.
Prendas delicadas: usa papel de seda entre prendas delicadas.
No sobrecargar: evita apilar demasiado para no deformar las telas.
Consejo práctico: las prendas de punto como chompas o bufandas deben guardarse dobladas para evitar que se estiren.
Anticipación: cuando llegue la nueva temporada, saca la ropa con tiempo.
Chequeo: verifica que esté limpia, sin olores ni manchas.
Aireado: airea las prendas antes de usarlas.
Depuración: aprovecha para hacer una limpieza y donar lo que ya no uses.
En tiendas especializadas puedes encontrar:
Cajas organizadoras: de distintos tamaños y materiales.
Soluciones de ahorro de espacio: bolsas al vacío, fundas para ropa y organizadores colgantes.
Protección: deshumidificadores, antipolillas y aromatizantes naturales.
Hay opciones para todos los espacios, estilos y necesidades, con productos funcionales, duraderos y fáciles de usar.
Generalmente al cambiar de estación, cuando ya no se usa con frecuencia. Es ideal hacerlo después de lavar y revisar cada prenda.
Sí. Guardar ropa sucia puede atraer insectos y causar malos olores o manchas permanentes, por eso se recomienda lavar y secar completamente antes de almacenarla.
Los más usados son plásticos con tapa hermética (protegen de humedad e insectos), bolsas al vacío (ahorran espacio) y cajas de tela con tapa (respiran mejor, ideales para ropa delicada).
En clósets altos, debajo de la cama o en altillos. Evita lugares húmedos o con cambios bruscos de temperatura para prevenir olores, hongos y deterioro.
Usa papel de seda entre prendas delicadas, evita bolsas plásticas comunes (pueden atrapar humedad) y añade bolsitas de lavanda o cedro para ayudar a prevenir polillas.